“Feel free to comprehend
What I see will never end
I’m not me now, a light has died
It’s too real…”
Anathema
“Harmonium”
A Natural Disaster
Muchas veces escribo acerca de lo que significa la muerte, y puedo llegar a interpretar cosas que quedan a la deriva, que me hacen sentir en un estado existencial reflexivo donde veo y atrapo todo ello que se encierra detras de lo que significa morir.
Pero pocas veces he escrito acerca de por qué escribo eso.
No soy el único hombre que no es ajeno a la muerte, pero a lo largo de mi vida me he visto influenciado por el impacto que me causa ver morir a la gente. de verlos parados, mirando y caminando de un lugar a otro, para que después, de la nada ,uno les vea los ojos cerrados, pálidos, detrás del cristal del ataúd. En mi vida he visto tres muertos, y los tres, así como su temperatura corporal, son fríos no sólo por esa cuestión, sino al momento de mirarlos uno siente la ausencia. Cuesta decirlo asi, pero la verdad es que ni siquiera uno siente que sean ellos.
Ni el cansancio me hace pensar tanto en lo que vi. Esta vez fue distinto. Las veces anteriores pensé poco. Ahora inclusive me veo un poco sumiso pensando en todo lo que ha pasado, en quien se perdió. Pensar en la muerte cala, y cala más fuerte estar en frente de la ausencia, de lo eterno. Porque eso es la palabra indicada: uno está enfrente de lo que aún no conoce, y duele saber que ya no existe, por lo menos ante nuestros ojos ya no.
Es peor saber que no tuviste tiempo de decir todo lo que querías, de expander los momentos que imaginabas o no, que ni siquiera lo terminas de asimilar, aunque lo veas pálido ante tí, que no tengas ni ganas de imaginar que pasa, y lloras ante la incomprensión, ante la reacción de no-es-cierto. Es feo saber que te han cortado el hilo y todo lo que sostenía se ha caído.
Nunca había estado en un entierro. Espero, en serio, no hacerlo de nuevo, no porque quiera evadir la realidad, sino porque espero no presentarme ante esa situación otra vez. Todos, ahí, no sólo entierran a quien se ha ido, sino también entierran sus llantos que siguen siendo fantasmas, entierran sus memorias, dejan ir exhalación a exhalación todo aquello que sentían. Entierran parte de su carne, de su alma, de sí mismos. Y lloran porque les duele enterrar todo eso junto.
Una parte de mí ha quedado impregnado de todo eso, y esa parte piensa un poco en todo lo que se ha ido, en todo lo que se ha cargado encima. No me aflige haber estado ahí. Hoy entiendo que realmente quiero estar ante la adversidad de lo desconocido mientras sea ello con tal de sostenerla, de ser parte de ella, y de que ella no se caiga. No soy ella para evitar que se caiga, pero estoy ahí para que se levante. Porque me dolió verla dolida, me hizo llorar verla llorar… Me hizo querer buscar un escaparte para ella, y que ella pueda escaparse por ahí…
Hoy es momento de descansar. El día más largo ha terminado. Mañana vienen muchos más días, otras adversidades. Es momento de descansar para mañana comenzar a recoger lo que ha quedado, limpiarse la frente y el rostro, levantar poco a poco los vidrios y ponerlos donde no lastimen. Y seguramente, lentamente, habrá que dar el primer paso para seguir adelante, porque nunca se comienza de nuevo: la cicatriz nos recuerda quienes fuimos, para entonces entender quienes somos y construir lo que seremos.
Hoy dormiremos con pensamientos profundos en la cabeza. Mañana ella espera que el sueño acabe mientras todo sigue girando. Y yo estaré ahí cuando quiera que todo pare.
Hoy acabó todo.
Mañana, nosotros seguiremos el camino.
Atte: Diego Alan Vilchis Rocha
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