Archivos para la Categoría 'reflexiones'

06
Nov
09

Un grito en la tierra.

Nuestras vidas se rigen por muchísimos principios, que en su mayoría desconocemos hasta que nos detenemos un instante, miramos el espejo y llegamos a la triste conclusión de que algo no anda tan bien.

Últimamente, mi vida está llena de paradojas que me llenan de un sabor amargo la boca a diario. Estudio una carrera que no me satisface al cien por ciento. Me levanto a diario a las 5 de la mañana para ir a un salón de clases insufrible donde no encuentro nada más que más apatía e indiferencia.

Siento que soy parte de una generación a la cual le falta una identidad, algo por qué luchar. En un país donde la crisis foránea, tal cual la califican los gobernantes, con nuevos impuestos y con tasas incrementándose. Con el agua en el mundo acabándose, con los polos derritiéndose; hay en cualquier lugar una persona que mira su ombligo pasivamente. Mira el tiempo caminar envuelto en llamas y no siente nada.

Para muestra, el video del asesinato en Italia, por un sicario de la mafia local que cobijado por el amparo de la indiferencia frustrante aún camina libre.

Estoy roto. Estamos rotos. Y nadie puede darnos el mapa de qué camino o de qué decisiones tomar.

También, suelo ver a muchísimas personas frente a un televisor. Son testigos de historias con finales demasiado conocidos por los valores implícitos. ¿Cuál sería el valor de nuestra generación? Necesitamos un ícono. Una marca. Un destino. Algo nuevo que no sea una default de fábrica.

Cada vida, tiene sus propios principios y objetivos. Pero no dejo de pensar que lo único que desea esta generación es poseer más y más. No veo una muestra de espíritu en ningún lado. Y creo que el espíritu vendrá con las artes. Tal vez con el cine, tal vez con el cine masificado por internet. Tal vez, me aventuro a creer, que vendrá un suceso humanizante, que le regresa la esencia de lo que una vida implica.

La violencia, ha llevado a creer que la vida de las personas son como hojas de árboles; frágiles y sin ningún valor. Es cotidiano saber de tiroteos, de asesinatos, de robos, de secuestros. Probablemente hace falta un grito en medio de la tierra, pero ¿por qué sería? ¿De miedo? ¿De dolor? ¿De miseria? ¿De nada?

Hace falta ponernos inventivos. Llegar a la estación “Todo, es hoy” y del “Nada podrá esperar al mañana”

Hace falta un grito en medio de la tierra de humanidad.

01
Sep
09

Amar demasiado.

Siempre he coincidido con la idea que amar demasiado no tiene nada de digno.  Es como la libertad, algo curiosa. No hubo peores crímenes en contra de ella que, en principio, aquellos que dijeron defenderla.

No hay peores sacrificios que los que se hacen en nombre del amor.

Ayer por la noche veía un programa llamado “Adulterio virtual y el amor en el ciberespacio”. En el narraban la historia de tres parejas que de alguna forma tenían una relación virtual a través de Second Life. Hubo una en especial que me llamó la atención.

Ella vivía con su esposo y cuatro hijos. El desgaste diario de la limpieza, la elaboración de comida, el poco tiempo hicieron mella en su estado de ánimo de forma que llegó un momento en que seguir adelante no era una opción atractiva, sino más bien, una consecuencia.

Él se casó enamorado de ella. Él continuó casado con ella enamorado, ni las cuentas, los niños, el poco tiempo para ambos cambiaron eso.

Ella fue a buscar a un hombre que vivía al otro lado del mar, por ocho meses ininterrumpidos de convivencia virtual.

Y él la esperó.

Cuando le preguntaron a ella por qué lo hizo lo manifestó de una forma muy curiosa “Pasa que llega un instante en que no sabes qué es lo que amas. Si el avatar, si la idea que tienes de éste, si la verdadera persona. O una mezcla de todas. Yo soy una persona que siempre se cuestiona y llega hasta las últimas consecuencias”.

Ella lo buscó. Él la esperó. Y la indignación no se escondió;  “Cuando ella transgreda esa barrera, la de trascender a la barrera de lo físico dejaré de tratarla como mi esposa. Porque no seamos ingenuos, una persona que cruza el mar para estar contigo no planea tejer bufandas, exactamente”.

Ella lo encontró.

Generalmente, la cuestión dramática demandante estaría en si estuvo o no estuvo de una forma inconvenientemente incómoda moral/legal/sentimentalmente hablando. Pero para este caso lo que me hizo voltear los ojos fue el cierre de la historia.

Ella dijo:  Me sentí como una mujer que va a una tienda de joyería y mira un diamante bellísimo. Obviamente, no puedo pagarlo, pero me dieron la opción de tenerlo durante dos días. Acunarlo en mis brazos en la noche, mirarlo brillar por la mañana. Y decidí tomarlo. Dos días valen la pena.  Dos días valen más que nada.

Ella volvió. Y el le abrió las puertas. Y la historia termina con ellos juntos, desde mi punto de vista, conformistas.

El dijo: Yo soy el Forest Gump de esta historia. Tal vez no sea el más listo, ni el más creativo, ni el más fuerte. Forest es Forest. Sabe lo que desea y simplemente se aferra a ello. Ella es mi Jenny. Ella brilla, ella socializa, ella vive al máximo. Y pese a todo. Contra todo pronóstico. Ella sabe que me tiene… y que siempre será así.

05
May
09

Lo inevitable (o la expansión del drama)

Necesito sacarlo…

Dijo Einstein que la estupidez humana es infinita. Y creo que tiene razón.

Uno no acaba de entender lo que verdaderamente tiene hasta que de alguna manera lo saca. Lo enseña sin darse cuenta de que lo tenía hasta que las lágrimas de la otredad le hacen ver a uno el reflejo mísero de lo que es: inmundicia. O por lo menos uno, después de verse a través de los tristes ojos de la inesperada inocencia, se siente así.
¿Por qué nos cuesta trabajo detenernos a pensar un momento pequeño? Un instante de determinación, las palabras correctas, podrían ser la solución ante esto. Un poco de cordura, quizá. El pensar en que las acciones tienen consecuencia, y que de ahí en adelante lo reversible no existe: sólo existirá lo inminente pues cada paso que damos es un ladrillo más en la pared. Ojalá se pudiera quitar algunos para hacer nuestra brecha más cómoda. Pero el pudiera no existe, como el hubiera, como otros tantos primos semejantes.
A razón de la poca conciencia, me declaro concientemente fuera de lo cuerdo, entre la incertidumbre y el pesimismo.
Un poco de cordura, de paciencia, otorgan la llave necesaria para abrir la puerta al siguiente panel: lo tranquilo, lo pensable.
Claro, ahora que si el impulso sale, lo irracional se desborda, carcome como bilis rastrera.
Todo, enteramente, como piezas de dominó acomodadas, se tumba, se cae, se desploma, se deja llevar por la gravedad.
Un trueno
Una centella
Un holocausto
Y luego, el silencio (todo existencial, claro está)

Ahora bien: después de tanto drama, ¿es posible la reivindicación? Es decir, me pregunto si después de todo lo tirado, es posible reorganizarse sin perder la prioridad de la esencia. Levantarse es fácil, pero, como lo mencioné en un post anterior, me cuesta trabajo creer que no tengamos lo que queremos, y tengamos lo que necesitamos. ¿De qué carajo sirve?

En fin… no quiero entrar en terrenos donde todavía no existe esa alternativa. Espero no pase.

Quiero creer en esa reivindicación. En el momento en el que todo se suspende para darle paso al etéreo reconcilio entre lo que fue, lo que es y lo que será, sin necesidad de alterar su primordialidad, sin dejar a un lado lo que se pretende por lo que sucede, para que lo que suceda sea por lo que se pretenda y entonces las cosas funcionen de una manera positiva. Lo que sea que mueva el mundo, has que eso suceda para que la rueda de la buenaventura le de pauta a cosas que seguramente serán buenas.

Puede haber paz, o eso pretendo creer.
Que puede haber paz
Que se puede otorgar la paz

Danos paz…
El uno a el otro…

(In drama motion)

25
Abr
09

Sobre la existencia…

La diferencia entre lo que uno quiere y uno necesita es precisamente esa: no siempre tenemos lo que queremos, sino lo que necesitamos.
A veces parece injusto, pero quizá sea una cuestión de perspectivas; lo que es cierto es el embargo en el que a veces uno entra.
Uno entra al mundo a chocar con todos, con todo. Uno construye las vías para lograr lo que desea, de eso no cabe duda; en la medida que queremos, podemos, enfrentándonos a la circunstancia que nos aflige, llamémosle atmósfera o entorno, para entonces dar un paso hacia lo que nos proponemos. Es motivante pensar en la voluntad como motor universal de nuestras ideas y pensamientos. Pero a veces se nos olvida un pequeño detalle: el egoísmo de esta idea nos hace ajenos a los demás; se nos pierde de vista que, si bien nosotros podemos producir un cambio, también los demás. Nosotros somos un universo y los demás también. La interacción ocurre en el momento en el que nos encontramos frente al otro, y nos afecta, y le afectamos. Entonces las vías que construimos cambian de rumbo, de forma, de altura o de capacidad dependiendo qué tanto hayamos chocado.
Se nos olvida que existe el otro, y entonces el karma, o la fenomenología (causa – efecto), nos hace entrar en la razón de que estamos frente a otros.
Lo que me molesta un tanto es pensar que lo que queremos no siempre es lo que necesitamos… que a veces uno, a final de cuentas, se conforma; yo me salgo de la linea y es pesado caminar hacia donde parece que no hay paso…
Esto, supongo, no es una delimitación a volvernos a la otredad, convertirnos en los otros; pretendo explicarme mediante esto el que a veces uno se sienta contra corriente; el que a veces me frustre pensar que necesito hacer cosas por la necesidad, y no necesariamente porque quiero. Que esté de repente existencialmente atormentado por mí y mis excreciones espirituales que sólo atosigan porque las hago grandes…

Pretendo ver las cosas no tan complicadas pensando que debo darme cuenta de quién soy, qué quiero y por qué lo hago…
La misma cuestión…

Atte: Diego Alan Vilchis Rocha

23
Ene
09

“Feel free to comprehend
What I see will never end
I’m not me now, a light has died
It’s too real…”

Anathema
“Harmonium”
A Natural Disaster

 

Muchas veces escribo acerca de lo que significa la muerte, y puedo llegar a interpretar cosas que quedan a la deriva, que me hacen sentir en un estado existencial reflexivo donde veo y atrapo todo ello que se encierra detras de lo que significa morir.

Pero pocas veces he escrito acerca de por qué escribo eso.

No soy el único hombre que no es ajeno a la muerte, pero a lo largo de mi vida me he visto influenciado por el impacto que me causa ver morir a la gente. de verlos parados, mirando y caminando de un lugar a otro, para que después, de la nada ,uno les vea los ojos cerrados, pálidos, detrás del cristal del ataúd. En mi vida he visto tres muertos, y los tres, así como su temperatura corporal, son fríos no sólo por esa cuestión, sino al momento de mirarlos uno siente la ausencia. Cuesta decirlo asi, pero la verdad es que ni siquiera uno siente que sean ellos.

Ni el cansancio me hace pensar tanto en lo que vi. Esta vez fue distinto. Las veces anteriores pensé poco. Ahora inclusive me veo un poco sumiso pensando en todo lo que ha pasado, en quien se perdió. Pensar en la muerte cala, y cala más fuerte estar en frente de la ausencia, de lo eterno. Porque eso es la palabra indicada: uno está enfrente de lo que aún no conoce, y duele saber que ya no existe, por lo menos ante nuestros ojos ya no.

Es peor saber que no tuviste tiempo de decir todo lo que querías, de expander los momentos que imaginabas o no, que ni siquiera lo terminas de asimilar, aunque lo veas pálido ante tí, que no tengas ni ganas de imaginar que pasa, y lloras ante la incomprensión, ante la reacción de no-es-cierto. Es feo saber que te han cortado el hilo y todo lo que sostenía se ha caído.

Nunca había estado en un entierro. Espero, en serio, no hacerlo de nuevo, no porque quiera evadir la realidad, sino porque espero no presentarme ante esa situación otra vez. Todos, ahí, no sólo entierran a quien se ha ido, sino también entierran sus llantos que siguen siendo fantasmas, entierran sus memorias, dejan ir exhalación a exhalación todo aquello que sentían. Entierran parte de su carne, de su alma, de sí mismos. Y lloran porque les duele enterrar todo eso junto.

Una parte de mí ha quedado impregnado de todo eso, y esa parte piensa un poco en todo lo que se ha ido, en todo lo que se ha cargado encima. No me aflige haber estado ahí. Hoy entiendo que realmente quiero estar ante la adversidad de lo desconocido mientras sea ello con tal de sostenerla, de ser parte de ella, y de que ella no se caiga. No soy ella para evitar que se caiga, pero estoy ahí para que se levante. Porque me dolió verla dolida, me hizo llorar verla llorar… Me hizo querer buscar un escaparte para ella, y que ella pueda escaparse por ahí…

Hoy es momento de descansar. El día más largo ha terminado. Mañana vienen muchos más días, otras adversidades. Es momento de descansar para mañana comenzar a recoger lo que ha quedado, limpiarse la frente y el rostro, levantar poco a poco los vidrios y ponerlos donde no lastimen. Y seguramente, lentamente, habrá que dar el primer paso para seguir adelante, porque nunca se comienza de nuevo: la cicatriz nos recuerda quienes fuimos, para entonces entender quienes somos y construir lo que seremos.

Hoy dormiremos con pensamientos profundos en la cabeza. Mañana ella espera que el sueño acabe mientras todo sigue girando. Y yo estaré ahí cuando quiera que todo pare.

Hoy acabó todo.

Mañana, nosotros seguiremos el camino.

 

Atte: Diego Alan Vilchis Rocha

15
Ene
09

Incertidumbre…

Uno va construyendo su propia suerte. Uno se predestina cuando piensa las cosas. Poco a poco uno va formando los caminos que quiere en la vida, ya sea consciente o inconscientemente. Entonces, ¿por qué cuesta trabajo dejar de pensar en cosas que a uno le afectan?

No sé. Quizá sea indecisión. A veces creo que a uno le gusta martirizarse un poco, pensar en las cosas negativas porque en el fondo, independientemente de que disfrute o no de ello, tiene miedo a ser feliz.

La razón de esto la desconozco; tal vez sea porque todos tenemos un mazoquista dentro. Nos gusta lacerarnos, como a aquellos que les gusta golpearse con otros para desfrustrarse, hasta los más radicales que tienen sexo bondage o como se escriba. El punto es que ciertas aflicciones causan cierto placer, ya sea en plena conciencia o muy por dentro de nuestra mente.

¿No será que debemos dejar estas cosas y avanzar un poco hacia el camino que realmente deseamos?

Veo gente a veces sumergida en un mar de alcohol o de drogas. Más alcohólicos, por cierto. Y de repente todos ellos tienen cierta aflicción. Saben muy bien que aquello de tragarse el alcohol aunque ya no les quepa y lo vomiten no les hace nada bien. Muchos se frustran y toman, y otros toman y se frustran. Algunos son muy parlanchines, otros serios, otros lloran y otros tantos son agresivos. Pero siempre terminan reflejando algo que les causa molestia, algún problema. Y es por aquella razón que no quieren dejar de beber.

No recrimino al alcohol; sobre eso tengo un punto de vista que luego compartiré. Lo que sí observo es aquella actitud de encontrar en el alcohol un escape a todos los problemas que tienen, en vez de pararse enfrente de ellos y resolverlos.

Quitando al alcohol de enmedio, para quienes no necesitan de estupefacientes o cosas que apendejen, también viene la inseguridad. Uno es inseguro, y de repente todo el mundo se voltea, parece estar en contra. A veces uno añora cosas que no existen, que no han pasado y que quizá no pasen, tal cual como imaginarse situaciones irreales que a uno le afectarían. Y entonces uno se predestina a que pasen; si le tiene miedo a algo, se pone serio o dubita mucho, y poco a poco va haciendo que las cosas se acomoden para ello.

Una plática con alguien me dejó pensando: pesan los fantasmas del pasado. Y es cierto, sí. Tal vez ellos sean parte de la causa de todo lo que vivimos actualmente, de lo que tenemos miedo que ocurra, que vuelva a suceder. Como aquellos que, sabiendo que tienen todo enfrente, dudan de si es cierto o no, e inclusive lo reniegan, y luego cuando lo sienten distante creen que lo han perdido. Exageran. Y en aquella exageración alejan todo. Y luego, la nada.

Decía una película que hay que tener cuidado con lo que rezamos, puesto que nuestras plegarias pueden ser escuchadas. Autores dicen que la mente es tan poderosa que con pensar algo lo atraemos. Insisto, creo que lo vamos construyendo y por eso lo llamamos. Y podría citar mucho más.

Lo cierto esque mientras no nos libremos de las cadenas del pasado, no podremos avanzar un poco.

El problema es…

¿Cómo?

A veces todavía no entiendo eso…

¿Por qué cuesta trabajo despegarse? ¿Por qué uno añora cosas de antes? ¿Por qué uno vuelve a suscitar el pasado, cuando el presente llama y el futuro en el porvenir se va desgajando poco a poco hasta llegar a nosotros?

Paciencia… paciencia… paciencia.

Mejor decidirse a romper los lazos y a quitarse los estigmas que uno tiene, amenizar lo que uno es en vez de atormentarse y quejarse, empezar por aquellas cosas que molestan de uno para que a la larga no nos sintamos mal, aún por la circunstancia. Comenzar con el primer peldaño para que entonces, cuando estemos frente a la situación, no pese, no nos tire, y tomarla de frente, saber que ver desde nosotros abre un panorama al mundo entero, y las aflicciones se van… o así parece.

No es fácil, nadie dijo eso. Pero podría tratarse y quizá pueda lograrse.

Dejar de hacerse tormentas en un vaso con agua, o como gusten llamarle.

Aprender a perder…

Y quizá así se pueda llegar al estatuto de lograr lo que uno quiere sin que los temores cieguen o priven de la clarividencia…

En fin; veamos qué sucede.

 

Atte: Diego Alan Vilchis Rocha

23
Dic
08

De las Navidades

Estamos apartados como siempre. No hay nada más que hacer salvo lamentarse las palabras no dichas y los abrazos no dados. Ya son finales de Diciembre, y no aguanto muy bien estas fechas.

Con el paso del tiempo, la época decembrina ha perdido poco a poco el brillo característico. No sé si son los regalos, o si es la compañía, simplemente siento que mi familia no ha peleado mucho por hacer de nosotros esta temporada. Curioso, pensé como si yo no fuera de la familia,  es decir, como si fuera un extraño. Y no me sorprende.

Continuar leyendo ‘De las Navidades’

22
Nov
08

En el debraye del pensamiento…

Concretaba citas en mi cabeza. Maquilaba ideas que se yuxtaponían y se enfrentaban, ocasionando cataclismos en mi mente… Pasó que salía todo y nada.

Me sentía atraido hacia el puro pensamiento, el extraño placer de estar maquilando cosas, la sensación satisfactoria de hurgar de vez en cuando en lo que tengo de cerebro.

Ligeramente pensé, luego pensé intensamente, y finalmente logré pensar en concreción. No conseguí otra cosa que sustentarme en la mera idea, y cuando la tuve, la desbaraté.

Proyecté entonces cosas que me permitieron acercarme de nueva cuenta a sensaciones perdidas.

Había pasado cierto rato desde que me tiré a un pozo, o de que caía en la cuenta de una espiral multidimensional, aquella que es la causa-efecto. Era el extraño retorno hacia el sopor de lo rutinario, de lo adverso y lo que no tiene sentido pero se hace.

Hoy, a cuatro horas de haberme sentado a escribir, sigo queriendo contener el último aliento del pensamiento que, de la mera espontaneidad de una noche silente, fría y con sonidos que progresan en secuencias rítmicas, logré ver, sentir y percibir lo que hace tiempo no hacía.

Hoy lo retuve, lo digerí, y me sentí con la satisfacción de que se haya incrustado en algún lugar recóndito de mi mente. Tengo el anhelo de volverlo a encontrar para poder exlotarlo; cuando suceda eso, se dejarán ver entonces colores intangibles, sonoros y abstractos que simulen la imaginación para darle un sustento a los pensamientos que no hablan, provocando una resonancia… un eco perdido que, conforme vaya haciéndose quieto, dilate su esencia y se prolongue hasta que en algún momento salga como resultado de la experiencia etérea de haber usado un pensamiento.

Lo demás, se concreta en mover una mano o provocar un sonido: volverlo hacia el exterior, no material, pero si legible para que se pudiese entender. Hacerlo.

Luego, se suspendera en el espacio, y el tiempo, en su infinito y relativo transitar, lo prolongará como esencia…

Habrá que pensar más…

Atte: Diego Alan Vilchis Rocha

09
Sep
08

Sin lágrimas.

Cada septiembre me acuerdo de lo que mi abuela decía de este mes: que llovía porque nuestros héroes lloraban de tristeza al ver el México que defendieron y por el que sacrificaron su vida está en estas condiciones.

Eso decía mi abuela el siglo pasado. Ahora comprendo por qué nos estamos inundando en todo el País.

Pobres héroes, se les van a secar los ojos.

Periódico Reforma, Cartas del Lector. Por María José de la Garza

20
Jul
08

Dicha.

Toda dicha es una obra maestra: el menor error la falsea, la menor vacilación la altera, la menor pesadez la desluce, la menor tontería la envilece.

Memorias de Adriano, por Marguerite Yourcenar.




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Kamikaze es el resultado del ocio, del hecho de que una pareja le gusta escribir, ganas de expresarse. Nace del punto en donde un grupo de amigos separados físicamente, escriban en un solo lugar por amor a las letras. Bienvenidos, seguro este lugar será divertido. W.W. 27/Ago/07

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