Uno va construyendo su propia suerte. Uno se predestina cuando piensa las cosas. Poco a poco uno va formando los caminos que quiere en la vida, ya sea consciente o inconscientemente. Entonces, ¿por qué cuesta trabajo dejar de pensar en cosas que a uno le afectan?
No sé. Quizá sea indecisión. A veces creo que a uno le gusta martirizarse un poco, pensar en las cosas negativas porque en el fondo, independientemente de que disfrute o no de ello, tiene miedo a ser feliz.
La razón de esto la desconozco; tal vez sea porque todos tenemos un mazoquista dentro. Nos gusta lacerarnos, como a aquellos que les gusta golpearse con otros para desfrustrarse, hasta los más radicales que tienen sexo bondage o como se escriba. El punto es que ciertas aflicciones causan cierto placer, ya sea en plena conciencia o muy por dentro de nuestra mente.
¿No será que debemos dejar estas cosas y avanzar un poco hacia el camino que realmente deseamos?
Veo gente a veces sumergida en un mar de alcohol o de drogas. Más alcohólicos, por cierto. Y de repente todos ellos tienen cierta aflicción. Saben muy bien que aquello de tragarse el alcohol aunque ya no les quepa y lo vomiten no les hace nada bien. Muchos se frustran y toman, y otros toman y se frustran. Algunos son muy parlanchines, otros serios, otros lloran y otros tantos son agresivos. Pero siempre terminan reflejando algo que les causa molestia, algún problema. Y es por aquella razón que no quieren dejar de beber.
No recrimino al alcohol; sobre eso tengo un punto de vista que luego compartiré. Lo que sí observo es aquella actitud de encontrar en el alcohol un escape a todos los problemas que tienen, en vez de pararse enfrente de ellos y resolverlos.
Quitando al alcohol de enmedio, para quienes no necesitan de estupefacientes o cosas que apendejen, también viene la inseguridad. Uno es inseguro, y de repente todo el mundo se voltea, parece estar en contra. A veces uno añora cosas que no existen, que no han pasado y que quizá no pasen, tal cual como imaginarse situaciones irreales que a uno le afectarían. Y entonces uno se predestina a que pasen; si le tiene miedo a algo, se pone serio o dubita mucho, y poco a poco va haciendo que las cosas se acomoden para ello.
Una plática con alguien me dejó pensando: pesan los fantasmas del pasado. Y es cierto, sí. Tal vez ellos sean parte de la causa de todo lo que vivimos actualmente, de lo que tenemos miedo que ocurra, que vuelva a suceder. Como aquellos que, sabiendo que tienen todo enfrente, dudan de si es cierto o no, e inclusive lo reniegan, y luego cuando lo sienten distante creen que lo han perdido. Exageran. Y en aquella exageración alejan todo. Y luego, la nada.
Decía una película que hay que tener cuidado con lo que rezamos, puesto que nuestras plegarias pueden ser escuchadas. Autores dicen que la mente es tan poderosa que con pensar algo lo atraemos. Insisto, creo que lo vamos construyendo y por eso lo llamamos. Y podría citar mucho más.
Lo cierto esque mientras no nos libremos de las cadenas del pasado, no podremos avanzar un poco.
El problema es…
¿Cómo?
A veces todavía no entiendo eso…
¿Por qué cuesta trabajo despegarse? ¿Por qué uno añora cosas de antes? ¿Por qué uno vuelve a suscitar el pasado, cuando el presente llama y el futuro en el porvenir se va desgajando poco a poco hasta llegar a nosotros?
Paciencia… paciencia… paciencia.
Mejor decidirse a romper los lazos y a quitarse los estigmas que uno tiene, amenizar lo que uno es en vez de atormentarse y quejarse, empezar por aquellas cosas que molestan de uno para que a la larga no nos sintamos mal, aún por la circunstancia. Comenzar con el primer peldaño para que entonces, cuando estemos frente a la situación, no pese, no nos tire, y tomarla de frente, saber que ver desde nosotros abre un panorama al mundo entero, y las aflicciones se van… o así parece.
No es fácil, nadie dijo eso. Pero podría tratarse y quizá pueda lograrse.
Dejar de hacerse tormentas en un vaso con agua, o como gusten llamarle.
Aprender a perder…
Y quizá así se pueda llegar al estatuto de lograr lo que uno quiere sin que los temores cieguen o priven de la clarividencia…
En fin; veamos qué sucede.
Atte: Diego Alan Vilchis Rocha
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