El día avanza y el sol se ensaña mas y mas con aquellos que nos hemos atrevido a salir a la calle, la música, mala y populachera, suena a todo lo que da, y entre los ríos de gente que va y viene con su propio mundo a cuestas, una masa de tela y alambre baila afuera de una farmacia, o al menos parece bailar. Invitándonos, suplicándonos entrar a comprar. Horas y horas de danzar al son de la misma música, de tener que ser afectuoso con un chamaco misceláneo para tener contenta a la señora, de soportar el calor infernal y la visión limitada. Siendo blanco fácil de engendros del demonio que juegan a tiro al simi, o tacleando a la botarga.
En otro lado la ciudad y en otro día. La situación es diferente, el día es frío y esta comenzado a llover, la gente en sus carros se alteran e intentan llegar temprano al trabajo a costa de los demás conductores, cuando han debido salir mas temprano. Y entre carro y carro un pequeño grupo de chicas entregan bebidas gratis para promover una nueva marca. La ropa es escasa, por lo menos para el clima. No imagino quien pueda llevar faldita y top con el clima que se carga el día. Pero ahí van, con frío y todo, con señores que se hacen los interesantes y hasta un loco que le avienta (literalmente) el carro a una de ellas.
Todos tratando de ganar dinero y haciendo un trabajo que al final del día no puede ser divertido.
Y al final del dia tambien, les tengo un poco mas de respeto. A todas esas personas que tienen que soportar el peor lado de la gente, aquellos meseros, barrenderos y aquella persona en la taquilla del cine.
-o.c-
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