Hoy vi pasar ante mis ojos gran parte de mi vida. Saber que el hecho de que una persona no diera la vuelta en el lugar indicado podría costarme muy caro. Hoy sentí, en el fondo de mi alma – sin ser dramáticos-, cómo mi existencia se reducía poco a poco a un dolor. Les contaré.
Hoy en la comida estábamos la familia junta, disfrutando de las deliciosas de mi madre. Al terminar, me dio un dolor en el pecho, a la altura del corazón, mi madre, quien ya fue víctima de un infarto antes, se alarmó muchísimo, más cuando los dolores no cedían. En ese momento, ella me administró una pastilla – que ahora mismo no recuerdo el nombre – que se pone debajo de la lengua… bueno, el dolor se calmó, pero unos momentos después mi cuerpo tuvo una sensación de frío increíble. Inmediatamente tomé dos playeras, mi suéter y mi chamarra creyendo vanamente que de esa forma podría mantenerme con un calor. Poco a poco, mi cuerpo se entumía y el hecho de que mi mamá pensara que las posibilidades de un infarto eran posibles no parecían mejorar la situación.
Mañana mismo tengo que entregar un resumen, un ensayo y preparar una exposición. Son las ocho y media y es la hora en que no preparo la última y no redacto los primeros. En ese momento lo único que pensaba es en mi amigo Ernesto… Pensaba que Onimegu se enojaría muchísimo conmigo, pensaba en los sueños, en el futuro, en mis deseos, en mi carrera. Por un momento en mi vida vi una retrospectiva, y sentado, en el salón de urgencias, un doctor me decía “Sé que te sientes mal, pero también hay otros que se sienten igual de mal que tu” Y en eso tenía razón, ver sin querer a un cuarto lleno de cuerpos en planchas no es lindo. Tampoco es lindo que tu madre te relate con crudeza la estancia en los hospitales, pero a fin de cuentas, era eso o que me pasara algo realmente malo.
En el transcurso de esos momentos pensé muchas cosas, tantas como es posible a alguien que siente un frío en su pecho tan fuerte, que a medida que el taxi se iba acercando al hospital yo me sentía tentado a ceder, a lo que era en su momento un ataque al corazón, y dormirme un poco.
Tal vez fueron las ganas de mi madre por arrancar la cabeza del taxista que tenía más miedo de que me fuera en la parte trasera de su taxi a que llegara despierto al hospital. Tal vez fueron esas personas que tanto amo, como es Onimegu, D., y demás…
Lo cierto es que no era un ataque al corazón, sino la forma de mostrar que mi personalidad nerviosa se manifiesta de vez en cuando. La verdad es que mi madre me administró un medicamento que es para pacientes mayores de 40 años y que baja la presión de manera fuerte. El frío, el entumecimiento, esa presión que mi madre inmediatamente relacionó con su experiencia de infarto, era resultado de una pastilla. Era resultado de esos intentos de mi madre por mantenerme con ella, porque, aunque yo le dijera mil veces que todo estaría bien veía en ella una resignación, tristeza y sobre todo terror.
Momentos como estos me hacen replantearme mi escala de valores, replantearme estar una vez más a su lado y entregarles lo que soy, a corto o mediano plazo… Mostrar, como lo hizo un amigo a mi, que la mejor forma de honrar su memoria, es ser felices…
W.W.
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