De entre todas las cosas raras que he visto en mi vida, y vaya que he visto muchas, nunca había visto a un chico con actitud rudita con gorro de vaca, en serio.
Puede que sea fácil de sorprender pero eh, es como ver a un metalero jugar con Barbies, y eso, es escalofriante.
Todos los días tenemos diferentes encuentros que marcan nuestras vidas de una u otra manera. Encontrarte con estas rarezas es lo que le da sentido a pararte temprano, caminar hacia la Universidad y a hacer diferentes tareas. Eso para mi es el verdadero sentido de conocer gente. Sorprenderte, descubrirlos, pero ¿qué no mucha gente pierde el tiempo buscando una terminología correcta para todo?…
Y no solo para clasificar gente, sino para clasificar el mundo. Los antiguos mexicanos hablaban de que nada en este mundo podrá ser verdad, absolutamente nada. Nosotros somos como vagas existencia que no tiene una raíz profunda en el mundo.
Somos como una burla del dador de vida.
Y digo como una burla porque la única forma que a la que ellos llegaron a enraizarse en la tierra fue con la Flor y el canto, su propia concepción de artes y bellezas en la tierra. Cantarle a las flores, cantarle a la amistad, cantarle a todo en lo que un poco de gracia puede darse cabida. Cantarle incluso a las plumas de quetzal, todo ello por la misma belleza de la vida. Y de eso poco veo en la vida, en nuestra vida.
Salir a diario a cumplir con una rutina, con una misma línea que ha sido trazada por otras personas para ‘lograr’ algo. ¿Quién me podría decir que antes de acabar la Universidad no he muerto? ¿Qué mi recuerda quedará solo en la gente que fue allegada a mi, mi familia, mis amigos, mi pareja? Nadie, sólo la flor y el canto.
Me siento como en ese comercial de Johny Walker donde un robot narra lo que el desearía sentir, desearía saber cómo es amar… El puede ser inmoral si no deja de funcionar, pero nosotros… nosotros, sólo necesitamos hacer algo maravilloso.
Sin embargo, somos burla de un ser creador (?)
Dentro de lo que a mi me concierne, veo gente con ojos apagados, con una sonrisa ceniza, en el micro, en el metro, en las calles. En todos lados. No solamente la idea de Flor y Canto debería realzar y llegar a la misma conclusión que llegaron los antiguos mexicanos, la certeza en que esta vida nada será verdad, sin embargo, y sólo por todo este proceso, saber que el corazón humano, que el corazón humano vivo y enraizado, puede ser amigo, puede crearse una propia inmortalidad, puede darse a sí mismo su propia verdad y ésta, se está perdiendo por la misma ceniza de todos los días. Un brillo que se apaga, una conciencia que se pierde. Un ser inmortal limitado por carne y presupuestos de realidad.
Una burla, a fin de cuentas, de nosotros mismos.
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