Nuestras vidas se rigen por muchísimos principios, que en su mayoría desconocemos hasta que nos detenemos un instante, miramos el espejo y llegamos a la triste conclusión de que algo no anda tan bien.
Últimamente, mi vida está llena de paradojas que me llenan de un sabor amargo la boca a diario. Estudio una carrera que no me satisface al cien por ciento. Me levanto a diario a las 5 de la mañana para ir a un salón de clases insufrible donde no encuentro nada más que más apatía e indiferencia.
Siento que soy parte de una generación a la cual le falta una identidad, algo por qué luchar. En un país donde la crisis foránea, tal cual la califican los gobernantes, con nuevos impuestos y con tasas incrementándose. Con el agua en el mundo acabándose, con los polos derritiéndose; hay en cualquier lugar una persona que mira su ombligo pasivamente. Mira el tiempo caminar envuelto en llamas y no siente nada.
Para muestra, el video del asesinato en Italia, por un sicario de la mafia local que cobijado por el amparo de la indiferencia frustrante aún camina libre.
Estoy roto. Estamos rotos. Y nadie puede darnos el mapa de qué camino o de qué decisiones tomar.
También, suelo ver a muchísimas personas frente a un televisor. Son testigos de historias con finales demasiado conocidos por los valores implícitos. ¿Cuál sería el valor de nuestra generación? Necesitamos un ícono. Una marca. Un destino. Algo nuevo que no sea una default de fábrica.
Cada vida, tiene sus propios principios y objetivos. Pero no dejo de pensar que lo único que desea esta generación es poseer más y más. No veo una muestra de espíritu en ningún lado. Y creo que el espíritu vendrá con las artes. Tal vez con el cine, tal vez con el cine masificado por internet. Tal vez, me aventuro a creer, que vendrá un suceso humanizante, que le regresa la esencia de lo que una vida implica.
La violencia, ha llevado a creer que la vida de las personas son como hojas de árboles; frágiles y sin ningún valor. Es cotidiano saber de tiroteos, de asesinatos, de robos, de secuestros. Probablemente hace falta un grito en medio de la tierra, pero ¿por qué sería? ¿De miedo? ¿De dolor? ¿De miseria? ¿De nada?
Hace falta ponernos inventivos. Llegar a la estación “Todo, es hoy” y del “Nada podrá esperar al mañana”
Hace falta un grito en medio de la tierra de humanidad.
Comentarios recientes